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Hace unos días, recibí el testimonio de una española de Sevilla y de uno de sus colegas, un senegalés. Los dos trabajan en una asociación de ayuda a los inmigrantes para su inserción en España y han venido al Senegal con el fin de conocer mejor la situación de los jóvenes candidatos a la inmigración. Lo que aquí relato tuvo lugar en San Luis, Senegal, en el mes de diciembre del 2006. ( La primera parte de este testimonio se encuentra en abc Burkina n° 217 ) Sin lugar a dudas, lo más llamativo de todas estas reuniones que hemos tenido, ha sido el encuentro con el colectivo de mujeres para el desarrollo integral de Thiauye sobre el Mar dedicado a la lucha contra la inmigración clandestina. El barrio de Thiauye es un barrio periférico de Dakar, de estrechas calles de arena con casas difíciles a describir. Nos costó mucho encontrar la casa de la presidenta de la Asociación, y después de haber dado muchas vueltas y con miedo a quedarnos en la arena, por fin llegamos a su casa. Quince mujeres nos estaban esperando con su presidenta al frente, una mujer que ha perdido su único hijo, mujer muy bella hablando el francés con soltura y con ideas clarísimas, así como la vicepresidenta y la tesorera. Mujeres jóvenes de unos 30 a 45 años, de hermosa prestancia, algunas hablan el francés. Todas ellas tienen en común la pérdida de un hijo en el mar. “Este barrio fue próspero, nos dice la presidenta, y sus habitantes fueron siempre pescadores. Familias polígamas y con muchos hijos ganaban bastante bien su vida. Sus hijos muy numerosos tomaban el relevo de sus padres y los cogían a cargo en su vejez. En estos últimos años, la vida se ha hecho más difícil. Los barcos chinos y coreanos se llevan mucho pescado y lo que queda es poca cosa para nuestros pescadores. Si no hay pesca, las mujeres no pueden vender el pescado y sin ganancias no pueden alimentar a sus hijos, a penas les da para poder preparar una comida al día. El primer barco que llegó a Canarias fue por casualidad :resulta que un barco que iba de pesca a Guinea Bisao se encontró en medio de una tempestad que lo desvió de su ruta y al cabo de varios días desembarcaron en Canarias. Fueron muy bien recibidos y así, los más jóvenes, aprendieron el camino y pensaron en marcharse. Unos porque querían casarse, otros para poder alimentar a su madre viuda o para pagar los gastos del “bautismo” de su primer hijo. Hasta sus madres vendían sus joyas para ayudarles a que embarcasen. Muchos se fueron y la mayoría, con resultado feliz, llegaban a Las Palmas, hasta que empezaron a morir en el mar. En el mes de septiembre del 2005, 80 jóvenes, entre ellos mi único hijo y numerosos hijos de estas mujeres aquí presentes murieron ahogados. Un mes después, otra embarcación naufragó y una centena de jóvenes desaparecieron. Al principio, no hacíamos más que llorar, después pensamos que podíamos hacer algo, a organizarnos para consolarnos mutuamente y evitar que otros jóvenes continuasen a poner en peligro sus vidas. Decidimos ir, cada mañana, a la playa para hablar con los jóvenes, intentando convencerles para que no se embarcasen. Así mismo hablamos a sus madres para que no ayudasen a sus hijos a marcharse. Nos hemos organizado en asociación. Éramos unas 350 mujeres en la primera asamblea. La mayoría de las mujeres vino vestida de blanco para honrar a nuestros hijos que no pudimos amortajarlos con la sábana blanca como es tradición entre los musulmanes. Cada mujer cotizó 1000 francos CFA, alrededor de 1,50 euros. Hemos fijado una cotización mensual. Con este dinero, procuramos pequeños créditos a los miembros de la asociación para que puedan comprar pescado a otros jóvenes, pues sus hijos no pueden hacerlo. Muchas mujeres por el solo hecho de ir a la playa se ponen a llorar, ir en busca de pescado les hace llorar porque su sufrimiento es muy grande también hemos pensado en otra clase de actividades. Hay quienes preparan cuscús para venderlo, otras venden zumo con las frutas que se pueden encontrar con facilidad, otras hacen “buñuelos”. Así las mujeres ganan algo. Nos reunimos todas las tardes : viene un buen grupo y tenemos algunas actividades. Hacemos zumo de frutas, buñuelos para venderlos después. Organizamos concursos sobre la salud, la higiene... Las que aciertan las preguntas ganan algunos francos y las que no saben, pagan. Se trata de distraernos, de dejar de pensar siempre en el hijo que no está y, al mismo tiempo, aprendemos cosas, ganando algo de dinero. Traemos una pequeña cotización en previsión de algunos acontecimientos familiares: bautismo, matrimonio... Lo hacemos modestamente pagándolo entre todas, así no despilfarramos y no obligamos a nuestros hijos a ir al mar. La asociación prohíbe a toda mujer miembro que ayude a su hijo a marcharse a Canarias y si una lo hiciese, las otras dejan de ayudarla. No se le concede más ningún crédito. Queremos que nuestros hijos se queden aquí y que no pongan en peligro sus vidas y que no haya más madres llorando. Las mujeres de otros barrios vienen para consultarnos con vistas a crear igualmente una asociación. Tenemos necesidad de un psicólogo: hemos sufrido mucho y muchas necesitan una ayuda. Nuestro problema es la falta de medios. Todas nosotras trabajamos como voluntarias. La secretaria aprende la lengua francesa, la habla y la escribe un poco. Se está formando para poder hacer más cosas. El local es mi propia casa y como es grande, nos reunimos en el patio; lo tenemos más difícil en período de lluvias. Hemos comprado un ordenador con una parte de nuestras cotizaciones y gracias a algunos subsidios recibidos. Un joven que sabe utilizarlo nos ayuda todas las tardes. Vemos la necesidad de tener un asociado en Europa para que nos ayude en nuestros proyectos. Queremos hacer muchas cosas, algunas de manera más industrial para venderlas y no tener necesidad de comprarlas en Europa. Un molino nos vendría de maravilla. Si encontramos alguna ayuda…, las ideas no nos faltan”. Estábamos emocionados. No les hemos prometido nada pero les hemos dicho que vamos a ver la manera de poder colaborar. Un primer gesto fue ser “miembro” de la asociación pagando nuestra cotización. Ya me han dicho que cuando tengas una boda o un bautismo en tu familia, iremos para ayudarte a prepararla y cotizaremos entre todas. Pero, tu vives tan lejos, ¿cómo podremos pagar el viaje?... El humor de estas mujeres caldea el ambiente. Una gran sonrisa oculta una lágrima... Son ya las 6 y comenzamos marcharnos. Tenemos que llegar a Dakar por una carretera llena de atascos, hacer las maletas e irnos al aeropuerto. Han sido quince días que nos han parecido 15 minutos. Hemos visto muchas personas que han compartido con nosotros lo poco que poseen. Hemos encontrado mucho afecto por todos los sitios, nadie nos ha pedido dinero, sin embargo, nos hablaron de la situación en la que están viviendo. Dakar, 5 de diciembre 2006 R. G. C. et N. D. M. B. Un pequeño comentario partiendo de lo dicho por la presidenta : “Queremos hacer muchas cosas, algunas de manera más industrial para venderlas y no tener necesidad de comprarlas en Europa...”. Estuve en Dakar en el mes de noviembre 2006. Vi todos esos zumos de frutas importados de Europa. Hasta he visto nuez de coco seca importada del Norte de Francia. Yo me digo que los campesinos de Burkina Faso y de toda África del Oeste tienen razón cuando piden que la CEDEAO – Comunidad de los Estados de África del Oeste – no firmen los APE (Acuerdos de Cooperación Económica entre la Unión Europea y África del Oeste) en perjuicio de la soberanía alimentaria de la CEDEAO y de su política agrícola llamada ECOWAP. Maurice Oudet Kudugu, 15 de febrero 2006 Maurice Oudet Presidente del SEDELAN |