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271) Quien duerme sobre estera ajena, en el suelo duerme. Imprimir E-Mail

« ¡Quien duerme sobre estera ajena, en el suelo duerme! »

 Mientras que Europa lucha en  defensa de su poder adquisitivo, África se manifiesta contra la carestía de vida. No hace falta ir muy lejos para darse cuenta de que la máquina económica sufre desajustes. Basta con mirar la tienda de la esquina o dialogar con los vecinos. Los pobres, que gastan casi todos sus ingresos en comida, se ven obligados a saltarse una de ellas al día, a no comer carne, a consumir leche condensada que solo tiene de leche el nombre (las materias grasas han sido remplazadas por grasas vegetales).

Esta situación merece una reflexión más profunda.

¿Qué hacer ante dicha situación?

Temporalmente, el gobierno ha suprimido algunas tasas, con el peligro de perder valiosos ingresos. Y, sobre todo, con el peligro de ser inútil.

Los sindicatos piden un aumento de salario. Por seguro que esto es necesario. Pero no se hará sin incrementar los gastos del Estado y sin fragilizar las empresas.

El Sr. Dominique Strarus Khan, nuevo Director General del FMI, en visita oficial en Burkina Faso el 25 de febrero, declaró en RFI al ser interrogado sobre «la carestía de la vida », « ¡Nada se puede hacer sin comprometer el desarrollo económico duradero del país... quizás algunos reajustes fiscales...!» Respuesta inquietante de parte de quien se propone reformar el FMI (¿en provecho de quién?) Respuesta comprensible de parte del funcionario mejor pagado de la ciudad de New-York. ¿Porqué cambiar un mundo que le va también? Primera reflexión

¡Qué rara la ausencia de los campesinos en los debates sobre la carestía de vida! Ausentes en doble sentido: nunca les he oído hablar del tema, y no se cuenta con ellos cuando se busca una solución para el futuro. Y sin embargo, estamos frente a una crisis de alimentación y son los campesinos quienes por su trabajo alimentan al mundo.

Segunda reflexión

La crisis es grave. Hay que mirarla con perspectiva.

Hace algo más de treinta años, me encontraba en un pueblo del noroeste del país (en Loroni, por más precisión para quienes conocen la región). Un pueblo con lluvias irregulares, pero un pueblo con numerosos graneros porque sabía, desde tiempos inmemoriales, que hay que prever el futuro. Sabía que después de un año de lluvias, podían llegar varios de sequía. Con todo, un anciano del pueblo, durante la reunión de la tarde, nos contó que al principio del período de lluvias, su padre reunió a todos sus hijos y a todos los miembros de la familia para comunicarles lo que había decidido : «¡Este año, no cultivaremos, dejaremos nuestros campos descansar y nosotros con ellos! ¡Tenemos comida para varios años!»

En ese mismo pueblo, dos años más tarde, en tiempo de hambruna, vi a una familia alimentar durante un mes a todos los amigos y miembros de la familia amplia que vinieron a los funerales del jefe de familia. La familia preparó la comida con mijo guardado como oro en paño; un mijo que tenía  5 o 6 años.

En Lorunga, un pueblo vecino, después de una gran hambruna que afectó a todo el Burkina, comentaba yo a mis amigos, mostrándoles los numerosos y anchos graneros en medio del pueblo: «El año pasado, todos estos graneros estaban vacíos». En la reunión de la tarde, el jefe del pueblo me replicó : «¡No es cierto, estos graneros nunca estuvieron todos vacíos!»

No lejos de allí, en Kiembara, vi cómo los Samos y los Mosis tenían costumbres semejantes que les prohibían despilfarrar el mijo. En esta región, las cosecha se terminan habitualmente en noviembre, pero hay que esperar la celebración tradicional de los antepasados (podemos decir la fiesta de la cosecha), antes de comercializar el mijo nuevo. Esta fiesta se celebra casi siempre hacia el 15 de enero. Del mismo modo, está prohibido, hasta que pase esta fiesta, preparar el dolo (la cerveza de mijo) con el mijo de la nueva cosecha.

Si he cogido tiempo para ilustrar mi reflexión con hechos que datan de una época aún cercana aunque ya tiende a desaparecer, no es para proponer volver atrás. Bien sé que no es posible ni siquiera deseable.

Pero estos hechos nos pueden inspirar. Los jefes de familia eran más previsores que nuestros actuales políticos.

Esos « viejos », como aún se les llama con respeto, sabían que los alimentos no eran una mercancía. Sabían que cada familia tenía que contar sobre sí misma para alimentarse. Sabían contar con sus propios recursos: con sus tierras y con las lluvias, a veces raras a veces abundantes, que las regaban.

Entonces, un año de sequía no tenía mayores consecuencias. Casi todas las familias podían soportar dos años de sequía. Hoy, un año de sequía en una parte de Burkina, y miles de familias se ven condenadas al hambre. Hoy, los productos alimenticios importados suben de precio y, acto seguido, la miseria se instala en las ciudades.

Parece ser que nuestros dirigentes han olvidado hoy el buen sentido de su cultura. Y sin embargo todos los viejos de los pueblos de Burkina (y también del Malí) saben que «quien duerme sobre estera ajena, en el suelo duerme».

Más allá de las medidas políticas que se tomarán para afrontar, a corto plazo, la crisis alimenticia, esta crisis podrá ser ventajosa si logra despertarnos de nuestro sueño y si todos los burkinabé se deciden finalmente a : « a dormir sobre su propia estera».

Cómo traducir políticamente este «¡dormir sobre nuestra propia estera! » lo veremos la próxima semana.

 

Kudugu, 15 de marzo 2006
Maurice Oudet
Presidente del SEDELAN

 
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