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Crisis alimentaria y crisis financiera: dos pesos, dos medidas En las noticias de esta mañana: La Reserva Federal de los Estados Unidos ha bajado su tasa directora del 0,5 punto al 1,0 %. Una vez más, constatamos el abismo existente entre el trato dado a la crisis financiera y a la crisis alimentaria
Desde el 15 de septiembre 2008, cuando supimos la quiebra del banco americano Lehman Brothers, los periódicos nos hablan de la crisis financiera, ¡cuando no nos hablan solo de ella! En el mes de abril y hasta la cumbre de la FAO, que se celebró en Roma del 3 al 5 de junio 2008, escuchamos hablar mucho igualmente de la crisis alimentaria. Pero, existe una diferencia, y de talla, entre el trato dado a estas dos crisis Respecto a la crisis alimentaria, los políticos se contentaron con buenas palabras. Todos quisieron hablar, repitiendo el mismo refrán: « Es necesario invertir en la agricultura ». En la cumbre de la FAO, el presidente Sarkozy dijo: «Hay que volcarse en favor de la agricultura… » Pero nada cambia. La comunidad internacional no ha tomado medida alguna, mientras que, según las últimas informes, los hambrientos en el mundo han pasado de 854 millones a cerca de mil millones. Al contrario, el dinero no falta para paliar la crisis financiera. En un solo día, el 13 de octubre último, los solos europeos encontraron 1.700 mil millones de euros, o sea, más de 1 billón (con b) de francos CFA (o sea, 1.400 veces el presupuesto de Burkina para el año 2008). Pero lo más curioso es que cada vez que un Estado se propone inyectar dinero en el sistema financiero, se nos dice que es para impedir « la muerte del crédito » Que el crédito es vital para nuestras economías, en particular para la supervivencia de las pequeñas y medianas empresas. Estoy convencido de que ahí tenemos una de las claves más importantes para comprender la pobreza del mundo rural, para comprender el por qué la mayoría de los sufren hambre son campesinos. Una explotación familiar es una pequeña empresa. Pero en Burkina, y en otros países de África del Oeste, es una empresa a la que siempre se le ha negado el crédito o se le concede un crédito con un interés enorme. Los comerciantes son los únicos que ofrecen un crédito a un campesino pobre que quiere curar a su mujer o a su hijo enfermo. Pero lo hacen con un interés del 100%. Si los campesinos solo llegan a devolver el 50 % de lo que deben, al año siguiente tendrán que doblar la deuda que queda por pagar, o sea la misma cantidad que debía al principio, es decir: el doble del préstamo. De este modo, algunos se endeudan para muchos años. A menudo, al tiempo de la cosecha, tienen que dar a los comerciantes la mitad de lo cosechado y el hambre se instala de forma duradera en sus familias. Pero, no es todo. Los campesinos más dinámicos, capaces de modernizar su empresa, no tienen tampoco acceso al crédito. O la tasa propuesta es demasiado alta. A menudo el 16 o 17 % en Burkina. Los que tienen acceso a las cajas populares tienen más suerte. A veces, pueden obtener un crédito al 12 %. En Burkina, solo los algodoneros pueden obtener un préstamo por debajo del 10 %. Por eso, tener acceso al crédito se ha convertido en uno de los temas más importantes de la Confederación Campesina del Faso (CPF). El 16 de octubre último, durante el inicio de la «Campaña Justicia Económica», el representante de la CPF pidió oficialmente: «Viendo las dificultades de acceso a los créditos, pedimos que el Estado intervenga ante las instituciones financieras para obtener un interés de crédito menos alta: · Una tasa del 7% · sin TVA · y una flexibilización de las condiciones de garantía.» Ese mismo día, las mujeres estofadoras de Bama (vega del Ku) pedían: « Para ello queremos un préstamo que nos permita comprar todo el arroz entero y almacenarlo (será nuestra garantía para obtener el préstamo). Lo reembolsaremos mediante un pago semanal, lo que nos permitirá sacar la cantidad de arroz correspondiente. Estofaremos ese arroz, lo venderemos y podremos hacer un nuevo pago y continuar nuestro trabajo. El beneficio servirá a las necesidades de nuestras familias… » El gobierno o los comerciantes deberían examinar seriamente esta petición. Por varias razones: - En todos los arrozales, las mujeres estofadoras han demostrado que son ellas quienes ofrecen la mejor proporción calidad/precio. Y la principal razón de ello es que el beneficio en el pelado del arroz es del 70 % (hasta el 75 %) frente al 62 % para el arroz blanco. Además, varias ONG están dispuestas a ayudarles a cuidar la calidad de su arroz ayudándoles con estofadoras modernas, con sacos impresos que indiquen el origen y la variedad del arroz...
- Garantizar el préstamo depositando el arroz en un almacén cerrado con varias llaves (una, en manos de las estofadoras, otra, en las de un representante del gobierno o del comerciante) es un tipo de crédito que ha dado sus garantías. Se le llama: ¡warrantage!
- El arroz estofado es mejor para la salud que el arroz pelado. Se cuece más fácil. Gusta mucha a los consumidores, en particular a quienes aprecian el arroz del Catwel.
El 16 de octubre último, en Bama, al inicio de la «Campaña Justicia Económica», se podía leer en una pancarta: « La Alimentación es un derecho Invertir en la Agricultura, es un deber» ¡Será curioso ver en las próximas semanas si se ha oído el mensaje de las estofadoras! Kudugu, el 30 de octubre 2008 Maurice Oudet Presidente del SEDELAN |