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Una mujer tenía cinco hijos, uno de los cuales, era tonto y perezoso; los otros cuatro eran valientes y ayudan a sus padres : un agricultor, un ganadero, un comerciante y un pescador. El perezoso tenía su terreno de juego junto a un árbol, llamado árbol de los genios. Y, pasaba, todo su tiempo, jugando.

Un día del período de lluvias, la madre, que volvía del campo después de haber recogido nueces de karité, ve un genio : cree que es niño que se ha perdido bajo la lluvia. Por compasión, lo recoge, lo lleva a su casa, enciende el fuego y lo pone muy cerca para que se recaliente. En cuanto empieza a entrar en calor, el pequeño genio dice : « ¡Cuando esté seco voy a tirar sobre tí ».

La mujer, que se pone a temblar, pregunta : « ¿Qué dices? »

« ¡Cuando esté seco, tiro sobre tí » El genio lo repite varias veces. La mujer no sabía qué hacer. Llega uno de sus hijos y la madre le dice : « ¡Ven, escucha lo que dice este niño! ».

« Madre, ¿de donde vienes con él? »

« Lo he recogido en el camino de vuelta »

« ¿Qué dices?, pregunta al genio.

« ¡Una vez seco, yo tiro sobre élla! »

« ¡Déjala y te daré la mitad de todos mis bienes! » El hijo suplica en vano. El segundo llega de pronto, y habiendo sido informado, se va a hacerle una nueva propuesta.

« ¡Te doy la mitad de mis animales si dejas a mi madre! »

Llega el comerciante que tampoco consigue nada, después es el turno del pescador, y ocurre lo mismo. Por fín llega el perezoso y pide que se le dé de comer. Todos, sus hermanos y su madre, lo insultan mientras le muestran el pequeño genio. Les dice : « ¡Eso, no es nada, dazme de comer primero! ». La madre, obligada, le dá de comer.

Termina de comer y con el vientre bien lleno, dice al genio : « ¡Oye tú, ¿qué dices? »

« ¡Yo tiro sobre élla, una vez seco! »

Le responde : De acuerdo, no es un problema, pero antes, vamos a ir a jugar juntos. De esta manera te secarás enseguida y estarás en condiciones de poder tirar, tus músculos estarán listos. El genio acepta la propuesta.

Llegana al terreno de juego y se ponen a jugar, corren por todo el campo, pero, de pronto, el perezoso se para de jugar y dice al genio : « Recoge las huellas de tus pies de mi terreno ». Todo el mundo sabe que es muy difícil de recoger las huellas de uno mismo. El pequeño genio se pone a recoger sus huellas, pero, mientras recoge unas, se hacen otras. El pequeño genio, no pudiendo más, se escapa a toda prisa. Se introduce en el tronco de un árbol, llamado iroco, que se encontraba al borde del terreno de juego del perezoso. El perezoso le lanza piedras que dan en el tronco del árbol. Allá, donde la piedra ha golpeado, el árbol no tiene corteza.

La madre está salvada. He aquí por qué el árbol iroco pierde una parte de su corteza cuando se hace grande. He aquí por qué la madre ama a su hijo golfo más que a los demás.

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